miércoles, 18 de marzo de 2015

DIOS Y PATRIA
                                   Semblanza, en homenaje, del Padre Gino Bernardi...Q.E.P.D.

Los dos valores fundamentales del marino de guerra venezolano son Dios y Patria. Con Dios y al servicio de la Patria, es el seguro derrotero para la singladura vital y profesional de quienes han escogido esta noble manera de vivir. Como en el primer capítulo de Doña Bárbara, la respuesta pronta del marino a la pregunta ¿Con quién vamos compañero? Será indudablemente... Con Dios y Patria, compañero; para, con Dios y Patria,  aproar la nave al cumplimiento de la misión encomendada y volver de regreso a puerto seguro.

Para afianzar estos valores, el marino se apoya en su patrona, La Virgen del Valle que le acompaña en tierra, aire y mar. Para guiarlo en su veneración, cuenta el marino venezolano en las unidades de tierra, con la asistencia espiritual del Capellán de la Base Logística de Apoyo que sirve al combatiente de las Unidades de Superficie y Sub superficie de la Escuadra, a los Infantes de Marina, a los Guardacostas, al Comando Fluvial, a los Aviadores Navales y al Personal Técnico,  Administrativo y Obreros de la fuerza. 

Este capellán, donde quiera que estuviera su apostolado, además de dar misa como es obvio,  realiza una función tan importante como aquella, cual es la de atender las consultas y requerimientos de orientación moral de católicos y aún de quienes profesan otras religiones, las que recibe con suma equidad, discreción y consideración más profunda. Para estas labores, no sólo se necesita un sacerdote,  sino un padre, un compañero y un amigo. Uno que sea, a un tiempo, como el campanero de las recuas, de paso firme y seguro para dirigir a quienes le siguen; o como el Pastor de los rebaños, vigilante y celoso para prevenir del peligro a quienes lidera y custodia; todo ello, ante la mirada bondadosa de la providencia.
El Capellán objeto de mi elegía estaba siempre - con  vocación devota- dispuesto para  acompañarnos por las rutas del difícil tránsito por la mar de tentaciones y vicisitudes por la que obligadamente habríamos de navegar.  Mar que al igual que aquel de Los Sargazos, estará siempre cundido de obstáculos a la navegación y no exento de cantos de sirena. Sin ánimo de establecer odiosas e inexactas comparaciones, nos vemos en la obligación moral de reconocer la valiosa labor que, en las funciones mencionadas, cumpliera en vida el Capitán de Navío, el Sacerdote, el Compañero y el Amigo Gino Bernardi Bugnuolli. El Padre Gino, como cariñosamente se le conocía, Capellán de la Base Naval CA. Agustín Armario de Puerto Cabello, era Primo Ínter Pares y, nos atrevemos a asegurar, no desmerecía al más avezado marino en sus valencias militares; al punto de que no había faena en la que no destacara. Su admirable preparación intelectual, no sólo era la propia de un sacerdote, sino que mostraba una cultura que convertía en amena cátedra cada homilía.

Era Piloto Aviador, Buzo, Pescador Submarino, Esquiador terrestre y acuático, Paracaidista, y había, de alguna manera, participado en cuanta especialidad militar o deporte civil hubiere, siempre y cuando de esa manera se acercara más al combatiente. Gino podía hacerlo, pues estaba dotado de unas condiciones físicas que podían fácilmente ser la envidia de cualquier atleta. Parecía que su manera de ganarse el corazón de cada marino, era convirtiéndose en uno más del comando y compartir con cada uno de ellos los riesgos, penalidades y  vivencias, que le crearon a la postre un aura de leyenda que hacía más propicio el cumplimiento de su sacerdocio. No nos era difícil, entonces, aproximarnos a él para contarle cualquiera de nuestras penas, pues sabíamos que en él encontraríamos la comprensión de quien conocía y compartía, a carta cabal, nuestra vida. Si alguien era prójimo, ese era el Padre Gino; próximo a nuestro afecto, con el respeto y la cordialidad más sencilla, como sólo un alma grande - la de un Mahatma- puede hacerlo.

Innumerables anécdotas conforman las tradiciones orales del marino. Las que se le atribuyen al Padre Gino están llenas del sabor a epopeya, con la heroicidad propia de quien las realizara en provecho de lo que llamamos Espíritu de Cuerpo y lo que sin dudas contribuyó a la formación y solidez de la moral militar y familiar de los comandos en los cuales prestó invalorables servicios. Anécdotas irrepetibles, como imborrables de la memoria y alma colectiva de la Armada y de otros ambientes militares y civiles donde sirvió, conforman su legado. Tanto en poblaciones fronterizas, como aquella de El Pao, donde la obra humana del creador le recibiera en sus formas más prístinas del aborigen de las etnias remanentes en nuestro territorio, cuando iniciaba su sacerdocio en nuestro país, hasta aquellas desplegadas en las guarniciones más centrales, su presencia fue siempre una bendición, que hace hoy una falta inenarrable.

En El Pao, dejó estela de aportes al bienestar de los Paoences o Paoeños que serían largos de enumerar. Entre ellos se pueden destacar aquel donde luchara contra un terrible Temblador que no dejaba pescar a sus pobladores.  Se cuenta que estuvo una semana en cama reponiéndose de los corrientazos que recibió al darle caza y que casi le hicieron perder la vida. Los pobladores aún recuerdan que, una vez en tierra, lo colocó en  un acuario que construyera, desde donde hoy, el Temblador descarga sus destellos de pesar, al extrañar a su cazador.

 Para el Padre Gino aprender a volar y adquirir un viejo avión de tela y mandos de alambres fue una sola cosa. Según cuentan, era un pequeño Piper Cub, de los más antiguos. Con ese avión recorrió toda la frontera terrestre y marítima, a cargo de la Armada. Donde hubiera un marino de servicio y centinela de la Soberanía e Integridad Territorial allí llegaba él,  llevando el bálsamo de la palabra y difundiendo el evangelio. Así recorrió toda Venezuela. En un cierto momento, las fallas del avión eran tan frecuentes y cada vez más peligrosas, que las poblaciones que recibían su visita pastoral aérea, recogieron una derrama y le compraron uno más moderno, el Piper Cherokee 140 con el que pudo completar su labor.

No nos era ninguna sorpresa verlo deslizarse sobre y  entre la bruma del mar, como una gaviota en vuelo rasante, animándonos con un aleteo alternativo sobre nuestro buque o posición en tierra, seguido de un Chandel o medio tirabuzón ascendente de despedida, como bendiciendo nuestra ruta vigilante de la mar territorial o nuestra posta terrestre, firmes en resguardo de la integridad de la nación.  Hasta Isla de Aves recibió su cálida palabra de aliento espiritual, lanzada desde su aeronave. Por lista de Chequeo, había pegado una leyenda en el tablero de su avión, con unas frases extraídas de una vieja oración latina...¨Ave Regina Caellorum, que pervia celli porta manes, sucurre cadente¨ cuya traducción sería... ¨Salve María, tú que eres puerta segura en el cielo, socórreme si caigo¨.

Se hizo buzo y, cuando fuera transferido a la Base Naval CA. AGUSTÍN ARMARIO de Puerto Cabello, construyó en las costas de la Isla Larga, un santuario marino en Honor a nuestra Patrona, La  Virgen del Valle. Allí, donde se encuentra el arrecife de corales y donde reposa un naufragio, sumergió una estatua de la virgen patrona y la protegió con un domo. Cada año realizaba una procesión submarina hasta la improvisada capilla, y desde allí, daba una hermosa misa para una asamblea sumergida - sin hostias ni vino, como puede suponerse- en la que pedía a la virgen que nos acompañara en las faenas de nuestra vida y carrera.

Se hizo paracaidista y en una oportunidad, una pareja de colegas alumnos de esa riesgosa actividad, le pidió les casara en el aire y según él mismo recuerda, esa fue su misa más corta. Dicho sea de paso, esa ceremonia le valió compartir el récord en el país, al ser la primera unión matrimonial que se oficiara, de esa manera, en Venezuela.

Gino era oriundo de Escocia, de familia Italiana: Vivió una parte de su vida en  Italia, otra en Alemania y  otra en Francia. Durante la II Guerra Mundial, ya ordenado, se unió a las resistencias, primero en Italia (Partisana) y luego en Francia (Maquis), reclutado por ellos para contar con apoyo moral y espiritual.  El periplo por los países europeos, su crianza, su educación religiosa y orígenes genéticos le hicieron propicio convertirse en políglota; ya que dominaba a perfección el Inglés, el Italiano, el Francés, el Alemán y el Latín, además del Español, con lo que le era fácil acompañar a cualquier soldado de la resistencia europea, quien sabe si servirles de traductor o de ayuda para las comunicaciones.

Nos contó que en una oportunidad, después de una larga jornada sin probar bocado, su escuadrilla se robó una gallina de un gallinero de la Campiña Francesa y hasta ese día en que nos lo relataba, no sabía que lamentar más, si el remordimiento del pecado cometido, o el sabor a gloria de las carnes del animal. De igual manera recordaba acerca de una vez en la que, de puro milagro, se salvó, al aproximarse a un punto de control Alemán, cuando para su fortuna, un extrañamente amable soldado le reconoció como sacerdote y sin podérselo él explicar hasta hoy, le dejó pasar.

Gino recordaba que mientras caminaba hacia la alcabala, lleno de terror, oraba y pedía salir airoso del trance; cuando eventualmente llegó a la posta, el soldado le habló en Alemán y él le contestó correctamente, estableciendo una conversación fluidamente agradable para las circunstancias. Para él, ese había sido una prueba fehaciente de la respuesta divina que reciben quienes rezan a Dios con genuino fervor.

Gino se nos marchó. Un día pidió permiso para su último despegue y el señor le autorizó. Estamos seguros que su aeronave ¨APARAISÒ ¨ en la paz de la presencia divina. Esa era la promesa y así fue nuestro ruego. Oramos con fe, la oración latina que él mismo nos enseñó y que muchas veces le salvara o protegiera. A veces vemos hacia el cielo, cuando estamos de guardia o cuando llenos de incertidumbre buscamos la guía providencial. Es entonces cuando nos parece ver una pequeña aeronave, haciendo travesuras y volando rasante en lo alto, como si estuviera en vigilia eterna de la ruta que algún día nos llevará a reencontrarnos.

Ofrecemos esta apretada síntesis, a manera de semblanza en su honor. Hemos tratado de expresar en ella, cuanto amó  en vida, y cuanto extraña hoy la Armada a quien fuera, durante tantos años, un extraordinario líder espiritual. De tal manera que, sólo resta invitar a todos a elevar una plegaria por el alma de quien nos ayudara a defender la Patria, mediante el camino de los valores supremos de Dios, nuestro Señor.         


1 comentario:

  1. Gracias por tan ameno recordatorio del Padre Gino. No tuve la suerte de conocerlo personalmente, solo a través de personas que si lo conocieron y que como Usted, relatan la historia de tan bondadoso ser humano. Sabrá Usted el lugar y fecha de su muerte?
    Atentamente;
    Freddy Pedrique

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