sábado, 20 de febrero de 2016

GUERRA ECONÓMICA

Escucho con suma atención al diputado y calificado economista, el doctor José Guerra, analizar las medidas supuestamente económicas  informadas al país por el gobierno y no puedo menos que remitirme a mis conocimientos y experiencias de mi profesión o carrera naval para poder entender la gravedad que él me revela, mucho más cuando el gobierno nos habla de una presunta guerra económica; es decir, debo remitirme a mi background existencial, para poder entender por comparación o analogía.


Es que en la formación de un oficial naval se le imparten desde la Escuela Naval y en sus cursos superiores, asignaturas del área del derecho, de la economía y de todas las ramas del saber, no para que asuma cargos en el gobierno civil y compita con el ciudadano que de suyo tiene - por elección del pueblo- esas atribuciones y funciones, sino para que pueda armonizar su carrera naval con él y puedan entre ambos, civiles y militares, complementarse, esa formación le permite al oficial contar con las conexiones intelectuales necesarias y suficientes para que la correcta relación civil militar logre aprovechar al máximo el poder nacional en todos sus campos, político, económico, civil y militar, para la consecución de los fines de la nación.


Resulta que en mi carrera naval empecé en los buques y luego pasé a la aviación naval y en ambas áreas pude catar la importancia de un buen comandante para bien sea el buque o la aeronave. En ambos ambientes me interesé no solamente por la ingeniería, que fue mi primera especialidad, sino por la guerra antisubmarina, en la cual culminé mi carrera operacional, antes de pasar al alto mando ampliado; es decir, a ocupar los cargos en la estructura de la comandancia general.


En los buques, la guerra antisubmarina es de las más laboriosas y especializadas, dada la condición agonal que se da en la mar entre la capacidad operativa del buque versus las del submarino. Ello amerita de una gran coordinación entre el comandante de la nave y el oficial de guerra antisubmarina, al punto de que en un cierto momento de la maniobra u operación táctica, toma el control operacional temporal el oficial de guerra antisubmarina desde su central; pues, es él quien tiene la capacidad operacional especializada o técnica y es quien tiene en su centro de control o sala operacional los indicadores donde arriban y se analizan y evalúan los datos que les van llegando provenientes de los diversos equipos, sensores e indicadores . En el avión es el copiloto, al cual se le llama TACO, palabra del inglés por “tactical Coordinator”. En español traduce “Coordinador táctico” palabra que coincide con el termino popular de “taco”, como en el dicho: “ese tipo es un taco”, para significar que es un machete, o cualquier persona que está altamente calificada.


En un cierto momento, que lo da la situación táctica, el comandante de la nave lo sigue siendo; pero, le otorga temporalmente el mando táctico de la nave al oficial de GAS (Guerra antisubmarina) para que la evoluciones sean lo mas eficientes posibles y se pueda dar caza, en tiempo real y con efectividad, al enemigo. De otra manera, si se plantearan conflictos de competencia o de capacidad de análisis o de diferencias entre los indicadores y de su evaluación, bien sea por capacidad o por extemporalidad, estas no se reflejen en la ineficiencia y el submarino no se nos escape o nos pudiera destruir o destruir a alguno de los buques del convoy. Debemos saber que el submarino enemigo viene y está para ir acabando con los buques que transportan las diversas cargas de comodities o mercaderías que la economía del país produce y que la marina mercante está transportando; pues, la economía de los países en guerra siguen funcionando y la misión general de la armada es proteger ese cuerpo principal mediante las diversas cortinas antiaéreas, antisuperficie y antisubmarinas que sean necesarias.


Como vemos , la función de la armada no es salir a la mar por no dejar o a navegar románticamente, o a luchar contra otras armadas per sé. Es salir a proteger los intereses nacionales marítimos en sus territorios o jurisdicciones acuáticas, como a los buques mercantes, a las rutas de navegación, a las instalaciones de la industria nacional que se encuentran ubicadas en las costas, los puertos, y cualquier otro objetivo de carácter estratégico que el enemigo pudiera venir a  destruir, anular o neutralizar.  También, por supuesto, para enfrentar cualquier aproximación de fuerzas enemigas que pretendan proyectar su poder naval a tierra. Para el oficial naval, la guerra es un ajedrez  muy complejo y difícil de jugar y resolver.


En el caso de la nación, vemos con suma preocupación como la economía está en bancarrota y como un comandante inepto y su tripulación tan inepta como él, no están en capacidad de dirigir las operaciones para defender al cuerpo principal de las amenazas internas y externas que la tienen en esta condición de minusvalía, incluso a las que provienen de su propio entorno y, en el caso de José Guerra, vemos en él a un excelente economista diciéndole al gobierno qué debe hacer y cómo debe hacerlo, demostrando que es un extraordinario “oficial de GAS”, quien debería ser encargado temporalmente de conducir las operaciones necesarias e indispensables para rescatar el aparato productivo nacional, el cual con gran asertividad y enjundia él ha demostrado que en las medidas no existe nada para recatarlo, para devolverle a la economía su capacidad de producir bienes y servicios para el consumo interno y, sobretodo, para la exportación de su excedente, para poder generar divisas fuertes. ! Léase dólares! . Las medidas de distribución de la riqueza están aguas abajo de su generación.

Ese es el meollo de la cuestión, encargar de la economía a un comandante competente y darle el comando temporal operacional estratégico y táctico de las operaciones indispensables para que Venezuela pueda destruir o neutralizar a ese submarino de la incapacidad, de la inflación, de la destrucción de nuestra economía. Esa es la tal guerra económica con que nos quieren distraer. Una guerra donde el enemigo está en casa, como aquella película de Hollywood, titulada: DURMIENDO CON EL ENEMIGO (Sleeping with the enemy), del género suspenso, de 1991, protagonizada por Julia Roberts.



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