jueves, 25 de febrero de 2016

EL PAQUETAZO

Le llamaron “el paquetazo de Miguel Rodríguez” (se dice que es hijo de Jòvito Villalba)  aplicado de manera abrupta al comienzo del gobierno CAP II, es cierto, pero era necesario, y resulta que perdimos la oportunidad de poner en orden las cuentas nacionales. Era la receta del FMI y era lo que convenía y no lo aplicamos. Años después el difunto lo aplicó, en un paquetazo peor y no se dieron cuenta. Hoy Lorenzo Mendoza dice que hay que ir al FMI y lo criminalizan, cuando casi todo el mundo coincide en que sin inversión extranjera, y nacional por supuesto, no salimos de ésta en la que “ellos” nos metieron, precisamente por no observar las reglas de la economía.

El paquetazo no es más que cuando lo países recurren al FMI deben observar sanas medidas de control del gasto público, reducción del mismo y saneamiento de sus finanzas para calificar para los préstamos (apalancamientos)  o acceder a derechos de giro del BM. Por supuesto, los gobiernos deben cesar sus medidas de corte clientelar y paternalistas, demagógicas y populistas. La manera de reducir gasto corriente es “apretar el cinturón” y eso se hace, lamentablemente, accionado sobre el factor trabajo, reducción de salarios y de empleos, botadera de personal en exceso o clientelar que abruma los ministerios, gobernaciones, alcaldías, etc., los cuales acogotan improductivamente las organizaciones. Quienes han estado en la conchupancia, comiéndose los hígados de la nación (ej. Quebrar a PDVSA), no deben ahora empezar a llorar. Somos todos cómplices del agotamiento del aparato productivo nacional con nuestras conductas lenitivas o permisivas para con los gobiernos y por no estar alertas para no dejarnos alienar por encantadores de serpientes y por no exigir el control del ejecutivo y el balance de los poderes.

La idea es salir de los empleados públicos o al servicio de la nación, en eso que llaman “Civil servicie”, en países avanzados, y llevarlos,  como ellos, a un número racional y optimizado, que aquí está atrofiado por el régimen que prometió corregir la IV república y la empeoró; pero, eso se debe hacer  estimulando al aparato productivo nacional para que los reabsorba. Eso impone recalificación de esa mano de obra improductiva y parásita, para transformarla en mano de obra calificada, competitiva y rentable a nivel de cualquier país avanzado, o sea, en un trabajador productivo que pueda ser empleado en las nuevas industrias y el país avance, progrese y cree riqueza, para que podamos distribuir esa riqueza, al remunerar con equidad y justicia al trabajador que la produce.

Tanto el FMI como el BM surgen del nuevo acuerdo de Bretton Woods y hacen parte esencial de un tratado internacional, en el cual los países se comprometieron a aportar c/u su alícuota para crear dicho fondo en días de vacas gordas, al que luego pueden acceder a sus recursos en los días de vacas flacas, si previamente, como cualquier entidad financiera, cumplen con las normas que todos se dieron en dicho pacto. Por tanto, las opiniones técnicas del FMI y del BM acerca de cómo estamos conduciendo nuestras economías, no son injerencia; pues, están dentro de sus atribuciones y competencias, otorgadas en consenso por todos los pases. En realidad, actúan como un FOGADE internacional.  Si tú no quieres que ellos opinen sobre la manera  en la cual manejas tu economía, cumple con las normas que no son “de ellos” sino “de nosotros”. ¡Así de simple!


Comparémosle con un banco nacional y su relación con el BC. Vayan a pedir un préstamo y deberán cumplir con los requisitos que el BC establece. Es el BC quien fija las tasas de interés,  el encaje legal, las tasas de redescuento, los bonos etc. Es parte de su labor de mantenimiento del valor de la moneda. De mantenimiento del equilibrio sano entre la corriente productiva de bienes y servicios ByS, de la economía,  con el circulante o corriente monetaria en manos del demanda final (léase todos nosotros), para equilibrar un buen precio justo de mercado, no fijándolo arbitrariamente y con medidas de inamovilidad eterna. Eso deforma la economía y produce lo que vivimos… un desabastecimiento con inflación absurdo, como inaguantable. Los intermediarios financieros, que son los llamados bancos privados o públicos, deben cumplir las normas del BC.  

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