sábado, 16 de enero de 2016

HISTORIA DE MOZUELA Y EL POLICÍA

Mozuela era una prometedora damisela de nuestros barrios, quien como Panchito Mandefuà de Pocaterra, era: “Como una flor de callejón, por gracia de Dios, no fue palúdica, ni zamba, ni triste”. En efecto, Mozuela era una bella niña cortejada por viejos adinerados y por jóvenes del pueblo. Su hogar era muy humilde y el pueblo estaba en camino del progreso, aunque los políticos de turno estaban en componendas para gozarse el dinero de todos y no cumplían con sus obligaciones.

Mozuela, rebelde y terca, desatendiendo las orientaciones de su madre, en lugar de aceptar uno de los pretendientes de buen partido, prestó oídos a los requiebros de un policía retirado, pichón de político de izquierda,  buenmozo y frasquitero, mas aguajero que pitcher zurdo y hablador como ninguno. Un encantador de serpientes, quien parecía un diputado nuevo y volvía locas a las chicas con promesas de que las sacaría de la pobreza. La madre de Mozuela quedó como la glosa de Andrés Eloy, cuando una noche que se le fue con su policía: ¿Quién le va a secar el llanto, si pasó la Comisión y le dejó el corazón como capilla sin santo?

Pantaleón le había contado a Mozuela que, como dejó el servicio activo, pronto sería enganchado en una contrata donde ganaría 40 bolívares semanales y que se ajustara ese presupuesto; por supuesto, él no le confesaría nunca que en realidad ganaría 100 bolos. Ella, enamorada, no tenía elementos para dudar de su policía y se ajustó el  cinturón solidaria y fiel.

Era imposible mantener a la familia con ese presupuesto y Mozuela  tuvo que endeudarse con el bodeguero; mientras, Pantaleón gozaba de lo lindo con sus 60 bolos restantes y, aunque no lo crean, al final del primer año él se había endeudado aún más de lo que lo había hecho Mozuela y eso que ésta al menos podía rendir cuentas del uso de los reales y podía dar las debidas justificaciones de su endeudamiento. No tenían futuro porque la contrata iba palo abajo y no había empleos disponibles. Ahora ambos tenían la deuda de los gastos de instalación del rancho, las de la bodega y las del gozón de Pantaleón.

Pantaleón no le daba el diario completo, los niños no tenían zapatos y andaban andrajosos y tripones, sin útiles escolares y al rancho se le estaba cayendo el techo. No obstante, él le quitaba prestado del diario a Mozuela para ir a dizque buscar préstamos y empleo a otros estados. Lo que no sabía Mozuela era que Pantaleón tenía otras mujeres y varios muchachos con ellas, al tiempo que gastaba en francachelas con damitas de esos rumbos y hasta le financiaba las deudas y reparaciones de los carros de los futuros suegros, engañados como todos. Es que era muy simpático y humanitario y hablaba tan sabroso.
El corazón de todos se encendía cuando Pantaleón daba sus peroratas insufladas de frases altisonantes, retaba a los políticos del patio y  hasta de los de pueblos vecinos y prometía villas y castillos si algún día él tomaba las riendas del gobierno del pueblo. La economía, la inseguridad y los cientos de muertos semanales en el pueblo eran de espanto y brinco y Pantaleón juraba que si él llegaba a gobernar los podría reducir, que construiría casas, calles, escuelas…

Mozuela se mantenía a duras penas y gracias a la bondad del bodeguero, quien le fiaba y siempre le tenía su kilito de harina PAN, su leche y las caraotas para alimentar  a su prole. Eventualmente, cuando la situación ya era insoportable y no podían subsistir sin apoyo del bodeguero, Pantaleón le echó la culpa a éste y dijo que era un explotador capitalista, quien le tenía declarada una guerra económica, y que le cobraba intereses sobre intereses,  sobre su deuda ya longeva.

Mozuela, como se podrán imaginar, terminó yéndose con el bodeguero, quien le puso casa, carro y le metió a sus muchachos en el colegio, la inscribió en el seguro HCM y le compra sus vestidos, perfumes y le calienta la oreja y otras partes, en esas noches de frio, de duro cierzo invernal.

Ahora, Pantaleón pasa en su carro destartalado, con un megáfono, gritando que va a emprender un nuevo negocio, que va reestructurar sus deudas y va a ejecutar su nuevo plan de rempuje de su situación económica, que volviera con él, que ahora sí...


Cualquier parecido con la realidad es  mera coincidencia. Los nombres  y situaciones son ficticios y las muertes señaladas sólo han ocurrido en las mentes de los vecinos traidores, de la derecha corrupta...

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