lunes, 22 de junio de 2015

TRASPLANTES DE CABEZAS

He leído con perplejidad que a un hombre le harán un trasplante de cabeza. Había oído de la reducción de cabezas de ciertas tribus indígenas o aborígenes africanas, Les confieso que hay muy pocas cosas que me sorprendan de verdad. Así como hay muchas materias de las cuales no sé nada, hay pocas de las cuales no pueda entender una vez que investigo o alguien tiene la bondad de explicármelas. Siempre he tenido facilidad para la comprensión, no sé si mucha memoria o si mucha inteligencia; pero, sí que he podido aprender una variedad de temas disimiles que conforman mi reducida cultura general, de un océano de conocimientos, pero de un milímetro de profundidad. Todo ello, por el interés puesto como autodidacta por comprender mi mundo, con lo cual emulo aquello de la “Elipse una Ambición del Saber”, la cual Asdrúbal González atribuyó a su otrora jefe, Don Ramón Díaz Sánchez, en parafraseo inteligente de aquella de “Elipse de una Ambición del Poder”, propia de Antonio Guzmán Blanco.

Lo del trasplante de cabeza me ha sorprendido en mi buena fe y en mi capacidad de entendimiento, porque hasta ahora sabia de la posibilidad ya cierta de trasplantar corazón, hígado o riñón, y cuanto órgano uno tiene malo y existe una persona que está a punto de morir que puede y autoriza donárnoslo.

Cuando a un paciente le trasplantan algún órgano él sigue siendo quien era hasta ese momento y el órgano donado no le cambia nada sustancial en su capacidad intelectual, personalidad, conocimientos y relaciones con sus familiares y semejantes. Ud. sabe que Pedro sigue siendo Pedro, así tenga el corazón de Juan.
Ahora bien, cuando le trasplantan la cabeza entera de una persona a otra, uno asume que le quitarán su cabeza mala al donante y le pegarán la cabeza buena de un hombre que estaba a punto de morir y que murió y antes de morir le mantuvieron su cabeza en estado vegetal hasta tanto quietársela a su cuerpo muerto para donársela al receptor.
Ahora bien, si la persona tiene una cabeza nueva, se transformará en otra persona enteramente distinta a la que con su cuerpo fue, y me imagino que la cabeza nueva seguirá funcionado como estaba en el cuerpo muerto y reconocerá  a sus familiares y sus relaciones antiguas, no las del cuerpo bueno que la recibió; porque, lo que vale en un ser humano es su cabeza, no su cuerpo.
  
En todo caso, lo que habrá pasado en la realidad es que a una cabeza buena con un cuerpo malo, le trasplantaron un cuerpo nuevo (bueno) de otra, y de desecho quedará la cabeza mala del paciente cuyo cuerpo sobrevivirá sin ella, y el cuerpo malo descabezado.
No tiene otra explicación ni otra salida. Si había recelos morales por lo de la clonación, practicada con éxito en una cabra u oveja, esta nueva posibilidad médica, de la cual no tengo ninguna duda que se pueda realizar, porque es sólo conectar arterias y venas, médula ósea, y otras ligazones o conexiones del sistema nervioso y luego esperar que no exista rechazo y listo; en cambio, sí que existen recelos muy bien fundados de que esta vez la ciencia se pasó de maraca.

Acabo de ver un video en Facebook, donde a un hombre le remueven su corazón malo y le colocan uno muy moderno y artificial, consistente en dos turbinas de flujo constante que reciben el flujo del cuerpo y lo dirigen a purificarse a los pulmones y luego de purificado lo bombea y dirige al cuerpo para que haga su trabajo; es decir, sustituye al corazón natural malo. Lo interesante es que este corazón de flujo continuo, porque son dos turbinas pequeñas, no palpita y, por tanto, se rompe la romántica capacidad de asociar este músculo con las delicias y tormentos del amor.

Con esto de la cabeza nueva en el cuerpo malo, ¿Qué pasará con la vida de este hombre nuevo y su familia? el hombre con cabeza nueva tendrá otra cara y pensará mejor que el anterior, porque no tiene objeto hacerse remover su cabeza para instalarse otra que no fuese mejor, porque de eso es de lo que se trata cuando uno se hace trasplantar cualquier órgano de otra persona, sacar el órgano malo y poner el bueno. Eso quería hacer Don Aníbal Dao con cierto órgano de un personaje popular, llamado Chabasquèn, de Gañango, famoso por sus buenas dotes naturales amatorias.

Uno se imagina a un Arturo Uslar Pietri a sus 96 años a punto de morir, cuya cabeza insigne e ilustre no podría decirse que fuera muy hermosa pero alojaba uno de los cerebros más privilegiados y prodigiosos de nuestra nación, o la del insigne Jacinto Convit, de similares virtudes. Si se les hubiera trasplantado cuerpos de jóvenes, todavía tendríamos sabios para rato.

La historia no sería la misma si el trasplante de cabeza fuera la de ciertos personajes de nuestra fauna política contemporánea.


¡Sálvanos Dios de estas liviandades científicas! 

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