lunes, 6 de febrero de 2017

CLARITO QUE SE ENTIENDA

Como no soy economista debo hablar en términos simples para poder yo mismo entenderme. La economía es una asignatura de tal importancia para nuestras vidas que debemos decir como aquel tipo del letrerito en su escritorio: “La Economía Estúpido”. Tanta razón tuvo éste, que debajo y sobre ese mismo escritorio se atrevió a tener “refocilamiento con fembra placentera” y todos se hicieron los locos y cerraron un ojo para perdonarlo. Hasta hicieron malabarismos dialécticos para justificar su pecadillo venial.

Los revolucionarios de nuevo cuño se hacen los Clinton como cuando éste dijo “yo no he tenido sexo con esa pasante”, para tratar de estirar la arruga y ver cuánto aguantan en el coroto, cuando ya están como el pintor a quien alguien le haló la escalera y quedó colgado de la brocha. Acusan a la oposición de no tener proyecto, cuando el pasticho ideológico bolivariano-zamorano-robinsoniano ellos mismos no sólo no saben cómo explicarlo, sino que imputan la culpa de su estrepitoso fracaso a la disidencia empresarial apátrida y traidora, lacaya del imperio. Reeditan a diario el viejo cuento de “Al ladrón… Al ladrón… Al ladrón”

Para que lo tengan bien claro y que se entienda, lo que hay que hacer se los está cantando el economista José Guerra en la AN, quien de eso sí sabe. Yo, me limito a repetirlo como un loro, o como lo que cualquiera de los revolucionarios hace con las líneas que emanan de Cuba:

1. Hay que respetar el principio de propiedad y estimular a  la empresa privada para que invierta, para que hombres como Lorenzo Mendoza (nacionales y extranjeros) hagan lo que también saben hacer porque esa es su especialidad y la de sus familias, las cuales lo han venido haciendo desde siglos…producir bienes y servicios. Por supuesto, hay que tener reglas claras y estables y garantizar el respeto al debido proceso y a la no explotación y el pago justo al trabajador y, en definitiva, el respeto a la constitución. Que se lean y aprendan los derechos económicos en ella expresados. Desmonten ese control de cambio y cuanto peaje burocrático han creado, que son rémoras al desarrollo. Solo favorecen a los funcionarios, crea corrupción y atraso.

2. Hay que vencer la tentación de los “ismos”, empezando por el caudillismo, el populismo y el clientelismo.
3. Hay que vencer - en consecuencia - la creación de dinero inorgánico. Para ello hay que empezar de una vez a reeducar al pueblo en la idea de que el estado debe vivir de los ciudadanos y no lo ciudadanos del estado. Evitar el paternalismo. Que cada quien sea remunerado bien y pueda pagar el precio de su canasta básica familiar y pueda ahorrar e invertir.

4. Entender que el salario del país es la resultante directa de su capacidad industrial o transformadora, materializada en bienes y servicios exportables, bien sea de materias primas (lo que es indeseable si sólo se puede exportar petróleo) y de productos terminados, con valor agregado nacional (que es lo deseable, porque así se da empleo productivo a los nacionales y no a los de los países de donde se importa).

5. En tal sentido, hay que reducir el gasto público, léase el costo de funcionamiento del estado; por tanto, éste debe ser lo más pequeño y eficiente posible (bajos costos y alto rendimiento), pero que con él se pueda dar cumplimiento a todas las atribuciones y funciones constitucionales. Es decir, al vieja y trillada frase de “tanto estado como sea necesario y tan poco como sea posible”

6. Dejar la politiquería barata, los clichés y eslóganes revolucionarios y de estar echándole la culpa al imperio y, en su lugar, hacer lo que todo imperio ha hecho para llegar a serlo…trabajar…trabajar y…trabajar para producir y exportar, de manera disciplinada y organizada, respetando la ley. De otra manera no se entiende porqué lo primero que hacen nuestros revolucionarios es llevar sus dineros al imperio y salir a hacer turismo a Dysneylandia, al acumular el primer millón robado.

7. Elegir o designar a los más capaces y con preparación y experiencia comprobada y comprobable en las materias en las cuales van a prestar un ministerio (léase en su sentido de servicio) cualquiera. Exigirle resultados, no aceptarles “cuentas del gran capitán” o “memorias y cuentos”.

En resumen, hay que devolverle la decencia, sindéresis, y coherencia a la gestión pública.  Hay que darle sentido completo a palabras hoy huecas, como República, Libertad, Democracia, Justicia, etc., y hay que buscar la  efectividad, eficacia y eficiencia productiva para generar bienes y servicios para consumir internamente y para exportar el excedente.
Por supuesto, hay que distribuir esta riqueza creada con equidad y con justicia social, en la búsqueda del desarrollo y no conformarnos solamente con el mero crecimiento cuantitativo de las variables económicas.

¿Será que es muy difícil?

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